Texto diario Domingo, 21 de diciembre de 2025 - Sigan perdonándose con generosidad (Col. 3:13)
hace 2 meses · Actualizado hace 2 meses

Sigan perdonándose con generosidad (Col. 3:13)
El apóstol Pablo comprendía bien que sus hermanos no eran perfectos. Un ejemplo claro de esto ocurrió cuando comenzó a asistir a la congregación en Jerusalén, donde muchos de los miembros desconfíaban de él y le temían (Hechos 9:26). Con el tiempo, algunos incluso hablaron mal de él a sus espaldas (2 Cor. 10:10). Más adelante, Pablo también fue testigo de cómo un hermano maduro cometió una decisión equivocada que podría haber hecho tropezar a otros cristianos (Gálatas 2:11, 12). Además, se sintió muy decepcionado con Marcos, uno de sus colaboradores más cercanos (Hechos 15:37, 38). A pesar de todo esto, Pablo podría haber tenido razones para alejarse de aquellos hermanos que lo habían ofendido, pero en lugar de eso, decidió mantener una actitud positiva hacia ellos y seguir sirviendo fielmente a Jehová.
¿Qué ayudó a Pablo a no alejarse de sus hermanos? (Colosenses 3:13, 14).
El amor que Pablo sentía por sus hermanos le permitió no enfocarse en sus imperfecciones, sino en sus cualidades positivas. Este mismo amor lo impulsó a perdonar, tal como les aconsejó a los cristianos en Colosas (lea Col. 3:13, 14). Un claro ejemplo de esto es su relación con Marcos. Aunque Marcos lo había abandonado durante su primer viaje misionero, Pablo no guardó resentimiento hacia él. Más adelante, escribió una carta cariñosa a la congregación de Colosas, donde expresó que Marcos era muy valioso y “una fuente de consuelo” (Col. 4:10, 11). Incluso estando preso en Roma, Pablo pidió que Marcos lo ayudara (2 Tim. 4:11). Esto demuestra que Pablo no dio por perdidos a sus hermanos. ¿Qué nos enseña su ejemplo?
¿Qué nos ayudará a seguir demostrando amor a nuestros hermanos a pesar de sus imperfecciones? (1 Juan 4:7).
Jehová desea que sigamos mostrando amor a nuestros hermanos (lea 1 Juan 4:7). Si un hermano nos ha tratado de manera poco cristiana, podemos ofrecerle el beneficio de la duda, asumiendo que no actuó con mala intención y que está esforzándose por hacer lo correcto (Prov. 12:18). A pesar de nuestras fallas, Jehová nos ama profundamente y no nos da la espalda cuando cometemos errores ni guarda resentimiento (Sal. 103:9). Por eso, es fundamental que imitemos a nuestro Padre y perdonemos a los demás (Efes. 4:32-5:1).
Además, debemos recordar que el fin está cerca y, como resultado, debemos mantenernos unidos a nuestros hermanos. Es probable que enfrentemos más persecución, e incluso que lleguemos a estar en prisión. En esos momentos, necesitaremos el apoyo de nuestros hermanos más que nunca (Prov. 17:17). Un ejemplo que ilustra esto es el de un anciano de España, llamado Josep, quien fue encarcelado junto con otros hermanos debido a su neutralidad. En su testimonio relata: “Al no tener privacidad, era fácil irritarse con los hermanos. Teníamos que aprender a soportarnos unos a otros y perdonarnos con generosidad. Eso nos ayudó a permanecer unidos y a protegernos de los presos que no eran Testigos. Recuerdo que me lastimé el brazo y no podía hacer muchas cosas por mí mismo. Un hermano me ayudaba con la ropa y me brindaba apoyo de otras maneras. Fue entonces cuando experimenté el verdadero amor, justo cuando más lo necesitaba.” ¡Qué importante es resolver cualquier conflicto con nuestros hermanos desde ya!
¿Qué desafíos enfrentan los matrimonios?
La Biblia nos enseña que los matrimonios “tendrán dificultades en la vida” (1 Cor. 7:28). Esto se debe a que tanto el esposo como la esposa son imperfectos. Además, pueden tener personalidades y gustos diferentes, provenir de contextos culturales distintos, o haber tenido experiencias previas que no coinciden. Con el tiempo, pueden surgir defectos que antes pasaban desapercibidos. Todo esto puede generar tensiones y complicar la relación. En lugar de reconocer que ambos tienen responsabilidades y trabajar juntos para resolver los problemas, algunas parejas tienden a culparse mutuamente o incluso a considerar la separación o el divorcio. Pero, ¿es realmente esta la mejor opción? Examinemos el ejemplo de un personaje bíblico que, a pesar de enfrentar dificultades, no abandonó su matrimonio.
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