Estudio bíblico de la congregación, semana del 29 de diciembre de 2025 al 4 de enero de 2026, Lecciones que aprendo de la Biblia, Lecciones 48 y 49, Respuestas.

hace 2 meses · Actualizado hace 2 meses

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Estas lecciones nos invitan a reflexionar sobre dos poderosos relatos bíblicos que revelan importantes verdades sobre la fe, la obediencia, la justicia y la personalidad de Jehová. A través de las experiencias de la viuda de Sarepta y el profeta Elías, aprendemos cómo confiar en Jehová, incluso en circunstancias desesperadas, conduce al cuidado, la protección y las bendiciones que salvan vidas. Por el contrario, el relato sobre Jezabel y Nabot expone los peligros de la codicia, el abuso de poder y la injusticia deliberada, al tiempo que nos asegura que Jehová lo ve todo y actúa en el momento oportuno. En conjunto, estas lecciones nos ayudan a fortalecer nuestra confianza en Jehová, a profundizar nuestro respeto por lo que es correcto y a obtener una guía práctica para nuestras propias decisiones actuales.

Índice
  1. Lección 48 Análisis: El hijo de una viuda vuelve a vivir
    1. ¿Cómo demostró la viuda de Sarepta que confiaba en Jehová?
    2. ¿Cómo sabemos que Elías era realmente un profeta de Dios?
    3. ¿Qué nos enseña este relato acerca de Jehová?
    4. ¿Qué lecciones prácticas podemos aprender?
  2. Lección 49 Análisis: Una malvada reina recibe su castigo
    1. ¿Qué hizo Jezabel para quedarse con la viña de Nabot?
    2. ¿Por qué castigó Jehová a Jezabel?
    3. ¿Qué nos enseña este relato acerca de Jehová?
    4. ¿Qué lecciones prácticas podemos aprender?

Lección 48 Análisis: El hijo de una viuda vuelve a vivir

¿Cómo demostró la viuda de Sarepta que confiaba en Jehová?

La viuda de Sarepta demostró su confianza en Jehová al seguir las instrucciones que recibió a través del profeta Elías, incluso cuando la situación parecía desesperada. Aunque solo tenía una pequeña cantidad de harina y aceite, apenas suficiente para una última comida para ella y su hijo, puso la palabra de Jehová en primer lugar y preparó pan para Elías. Al hacerlo, demostró fe y confianza en la promesa de que Jehová proveería lo necesario durante la sequía.

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La viuda de Sarepta demostró su confianza en Jehová cuando, a pesar de encontrarse en una situación desesperada, decidió obedecer sin poner condiciones. Solo tenía una pequeña cantidad de harina y aceite para una última comida con su hijo y no veía ninguna solución posible después de eso. Podría haberse aferrado a lo poco que tenía por miedo, pero en lugar de eso decidió obedecer las instrucciones de Jehová y preparó pan para Elías.

Después de escuchar la promesa que Jehová hizo a través de Elías, la viuda decidió poner a Jehová en primer lugar y tomó medidas, demostrando claramente su confianza. No pidió señales, ni negoció, ni puso excusas; simplemente hizo lo correcto con lo que tenía. Jehová, que ve el corazón y comprende el temor humano, bendijo esa fe sencilla. Respondió con un cuidado continuo, asegurándose de que la harina y el aceite no se agotaran durante la sequía, proporcionando exactamente lo que ella y su hijo necesitaban para sobrevivir.

La lección que nos enseña este relato es muy práctica: cuando ponemos a Jehová en primer lugar, incluso en momentos de presión financiera, emocional o familiar, Él puede apoyarnos de formas que tal vez no esperemos. Esa seguridad nos da paz y fuerza para seguir adelante, independientemente de los desafíos a los que nos enfrentemos.

¿Cómo sabemos que Elías era realmente un profeta de Dios?

Sabemos que Elías era un verdadero profeta de Dios porque todo lo que anunció en nombre de Jehová se cumplió. Jehová hizo que la harina y el aceite duraran durante toda la sequía, tal y como Elías había dicho. Además, Jehová respondió a la oración de Elías y devolvió la vida al hijo de la viuda, algo que nunca antes había sucedido. Estos acontecimientos confirmaron que Jehová respaldaba a Elías y hablaba a través de él.

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Sabemos que Elías era verdaderamente un profeta de Dios porque Jehová apoyó su obra con acciones claras, no con palabras vacías. Elías nunca se presentó como alguien extraordinario ni buscó reconocimiento personal. Cuando hablaba, transmitía fielmente el mensaje de Jehová, y todo lo que predijo se cumplió.

La prueba más clara se produjo cuando murió el hijo de la viuda. En ese momento, Elías no fingió tener poder propio ni trató de impresionar a nadie. Llevó al niño arriba, lo acostó y humildemente le rogó a Jehová que le devolviera la vida, y Jehová respondió. Este acontecimiento dejó claro que Elías contaba con el apoyo divino, ya que ningún ser humano podría lograr tal cosa por sí mismo.

La viuda comprendió inmediatamente que Elías era verdaderamente un profeta de Dios. Cuando vio a su hijo vivo de nuevo, reconoció que Elías era un hombre de Dios y que sus palabras provenían de Jehová. Para nosotros, esto fortalece nuestra fe, recordándonos que Jehová apoya a aquellos que lo representan con humildad y sinceridad, y que su poder se revela en el momento oportuno.

¿Qué nos enseña este relato acerca de Jehová?

Este relato nos enseña que Jehová es un Dios amoroso y compasivo, fiel a sus promesas. Él cuida de quienes confían en Él, independientemente de su origen o circunstancias. También nos muestra que Jehová tiene poder sobre la vida y la muerte, y que escucha las oraciones sinceras de sus siervos.

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Este relato nos muestra que Jehová es un Dios cercano a su pueblo y digno de plena confianza. No hizo una promesa vana; aseguró que la harina y el aceite no se agotarían y cumplió su palabra de manera constante y silenciosa, demostrando que su fidelidad no depende de las circunstancias.

También demuestra cómo Jehová dejó claro que su poder no tiene límites al devolverle la vida al hijo de la viuda. Esto nos recuerda que Él no solo puede sostenernos materialmente, sino también levantarnos cuando el dolor nos abruma. Jehová no habla a la ligera: cuando promete, actúa, y cuando sus siervos le suplican con fe, Él escucha.

Este relato fortalece nuestra confianza en que, incluso cuando no vemos una salida, Jehová puede abrir una y, al mismo tiempo, proporcionarnos lo que necesitamos para permanecer firmes con paz y esperanza.

¿Qué lecciones prácticas podemos aprender?

Podemos aprender que Jehová siempre cumple sus promesas, incluso cuando las circunstancias parecen difíciles, y que confiar en él y obedecerle trae bendiciones.

También podemos aprender que Jehová no muestra favoritismo, sino que se preocupa por todos los que confían en él, y que en momentos de dolor y pérdida, podemos acudir a él en oración, con la confianza de que nos escucha y se preocupa por nosotros.

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Aprendemos que Jehová no exige que una persona sea considerada importante por el mundo para bendecirla. La viuda era pobre, estaba sola y carecía de recursos, pero Jehová se fijó en ella y la sostuvo debido a su actitud humilde y dispuesta. Esto nos enseña a no sentirnos insignificantes ni pensar que Jehová nos pasa por alto cuando estamos cansados, desanimados o enfrentamos dificultades.

También aprendemos que la fe genuina se demuestra a través de acciones sencillas: obedecer, perseverar y hacer lo correcto, incluso cuando requiere esfuerzo. Puede que Jehová no siempre cambie una situación de inmediato, pero puede proporcionarnos lo que necesitamos, tal como lo hizo al asegurarse de que la harina y el aceite no se agotaran. Y cuando enfrentamos una prueba más intensa, este relato nos recuerda que Jehová escucha y actúa en el momento adecuado.

La lección práctica es muy clara. Jehová no necesita que seamos importantes a los ojos del mundo para bendecirnos; Él ve nuestra actitud humilde y dispuesta.

Aprendemos que la verdadera fe se demuestra a través de actos sencillos, como obedecer y hacer lo correcto incluso cuando la situación es difícil. Si confiamos y obedecemos, Jehová puede sostenernos de maneras que tal vez no imaginemos, dándonos la fuerza que necesitamos para seguir adelante.

Lección 49 Análisis: Una malvada reina recibe su castigo

¿Qué hizo Jezabel para quedarse con la viña de Nabot?

Jezabel se quedó con la viña de Nabot mediante el engaño y la violencia. Escribió cartas en nombre del rey Acab y ordenó a los ancianos de la ciudad que acusaran falsamente a Nabot de maldecir a Dios. Luego ordenó que lo lapidaran hasta la muerte. Tras su ejecución, Jezabel le dijo a Acab que ahora podía tomar posesión de la viña.

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Para obtener la viña, Jezabel no mostró ningún respeto por la justa decisión de Nabot ni por su deseo de obedecer la ley de Jehová. En lugar de aceptar su negativa, decidió tomarla por la fuerza. Utilizó la autoridad del rey como herramienta, escribió cartas, manipuló influencias y presionó a los ancianos para que organizaran un engaño. De esta manera, Nabot fue acusado falsamente de un delito grave y ejecutado, a pesar de ser inocente.

Una vez eliminado Nabot, Jezabel informó a Acab de que ahora podía reclamar la viña. Lo más impactante es que no solo mintió, sino que también corrompió a otros para que llevaran a cabo la injusticia en su nombre, revelando un corazón endurecido sin respeto por la verdad ni por la vida.

Este relato nos anima a examinarnos a nosotros mismos, ya que cuando un deseo se convierte en una obsesión, puede llevarnos a justificar las malas acciones. Jehová, por el contrario, valora la honestidad, la integridad y el respeto por lo que es correcto, incluso cuando eso significa renunciar a algo que deseamos.

¿Por qué castigó Jehová a Jezabel?

Jehová castigó a Jezabel por sus numerosos y graves actos de maldad. Ella no solo ordenó el asesinato de un hombre inocente, sino que también persiguió y mató a muchos siervos de Jehová, promovió la adoración de ídolos y actuó con gran crueldad y arrogancia. Jehová vio todo lo que ella hizo y, en el momento oportuno, llevó a cabo su juicio por medio de Jehú.

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Jehová castigó a Jezabel no por un solo error, sino porque toda su forma de vida estaba marcada por la maldad. Ella usó su poder para oprimir a otros, mintió, manipuló y ordenó la muerte de personas inocentes. Incluso entonces, nunca mostró humildad ni deseo de cambiar; en cambio, siguió actuando con orgullo, como si nadie pudiera detenerla.

A través de este castigo, Jehová dejó algo muy claro: Él puede ser paciente, pero no aprueba la injusticia. Jehová ve lo que otros no ven, e incluso cuando parece que los malvados tienen éxito, llega el momento en que Él actúa y pone las cosas en su sitio. Esto nos da paz, recordándonos que Jehová ama la justicia y no abandona a los que quieren hacer lo correcto.

¿Qué nos enseña este relato acerca de Jehová?

Este relato nos enseña que Jehová es un Dios justo y omnisciente. Él ve toda injusticia, incluso cuando parece que los malvados quedan impunes por un tiempo. Jehová no tolera el mal ni la violencia, y siempre actúa para defender la justicia y mantener su nombre.

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Este relato nos enseña que Jehová es verdaderamente paciente, pero también un Dios de justicia. Durante mucho tiempo, Jezabel siguió haciendo daño, y podía parecer que no pasaba nada. Sin embargo, Jehová lo observaba todo, al tiempo que le daba la oportunidad de cambiar. Cuando ella decidió continuar sin arrepentirse, Jehová actuó con decisión.

Esto nos ayuda a comprender una verdad importante: la paciencia de Jehová no es debilidad ni indiferencia, sino misericordia y autocontrol. Él no actúa impulsivamente; espera el momento adecuado y luego hace justicia plenamente.

Este relato nos enseña que cuando vemos injusticias hoy en día, no debemos perder la esperanza ni pensar que Jehová no se da cuenta. Por el contrario, podemos mantener la calma y la confianza, recordando que Jehová ama lo que es correcto, pone límites a la maldad y actúa en el momento adecuado para proteger la justicia.

¿Qué lecciones prácticas podemos aprender?

Podemos aprender que Jehová lo ve todo y que ningún acto malo pasa desapercibido, y que la injusticia y el abuso de poder tienen consecuencias.

También podemos aprender que obedecer las leyes de Jehová, como hizo Nabot, es lo correcto incluso cuando implica sacrificio, y que Jehová castiga la maldad en el momento oportuno. Por lo tanto, no debemos perder la paciencia si la justicia parece tardar en llegar.

COMENTARIOS ADICIONALES

Aprendemos que el poder y la influencia pueden volverse peligrosos cuando no van acompañados de humildad. Jezabel utilizó su posición para manipular, presionar y dañar a otros, y su ejemplo sirve de advertencia. Nunca debemos utilizar nuestras ventajas personales para dañar a otros o imponerles nuestra voluntad.

También aprendemos a no justificar las malas acciones simplemente porque son posibles o porque otros las aprueban. Jehová ve lo que sucede entre bastidores, incluso cuando parece que nadie se dará cuenta. Otra lección práctica es proteger nuestro corazón contra la codicia y el orgullo, ya que cuando estos deseos toman el control, podemos terminar haciendo cosas que nunca imaginamos.

Este relato nos anima a elegir la honestidad incluso cuando es difícil, a respetar lo que es correcto y a evitar participar en chismes, acusaciones falsas o decisiones que dañan a personas inocentes. Y si alguna vez sufrimos una injusticia, recordamos algo que nos da una gran paz: Jehová no es indiferente; Él actúa en el momento adecuado y valora a quienes permanecen rectos.

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